Agentes: la IA que ejecuta mientras usted dirige

Esta mañana, en una empresa de cualquier ciudad de América Latina, un sistema concilió cuatrocientas facturas contra sus órdenes de compra, encontró tres que no encajaban, buscó el historial de cada proveedor, preparó un informe por cada caso y lo envió por correo electrónico al gerente financiero, todo esto pasó antes de las ocho de la mañana, nadie dio cuatrocientas instrucciones, fue solo una.

Eso es un agente: una aplicación de la inteligencia artificial que ya no espera el siguiente mensaje para dar el siguiente paso. Para crear un agente es necesario tener un objetivo claro, qué es eso que necesito resolver y teniéndolo definido, el agente solo traza un plan, define que herramientas utilizar de todas las que le hemos creado, eso le permite consultar sistemas, cruzar archivos, redactar informes, incluso, auditar y verificar su propio trabajo, y al final entrega un resultado terminado. Los agentes operan dentro de límites definidos, con reglas estrictas de operación y se detienen exactamente donde el ser humano pidió que se detuviera.

Los tres artículos anteriores de este mes existieron en buena parte para poder escribir este. Los agentes son la integración de todo lo que hemos conversado estas semanas: son aplicaciones de IA que automatizan lo repetitivo a una escala nueva (los tres regalos), casi nunca viven en una ventana de chat (la IA sin conversación), y solo tienen sentido dentro de un perímetro contractual y técnico bien diseñado para mantener segura su información (el sobre sellado, no la postal).

Una división del trabajo nueva

Lo que cambia con los agentes no es la velocidad: es la unidad de trabajo. Con un asistente conversacional, la persona pide y revisa paso por paso; el humano sigue siendo el motor del proceso. Con un agente, la persona define el resultado esperado, con objetivos claros, el marco de acción y los criterios de evaluación y aceptación del resultado, lo demás es simplemente actuar de manera rutinaria cada vez que sea necesario recorrer este proceso. El humano deja de empujar cada paso y pasa a dirigir la orquesta.

La máquina hace

  • Ejecutar el proceso de punta a punta
  • Consultar sistemas y cruzar información
  • Preparar informes y borradores con hallazgos
  • Verificar su entregable a partir de reglas claras
  • Detenerse y preguntar ante la excepción

La persona

  • Define el objetivo y el merco de actuación
  • Establece los criterios de aceptación
  • Decide que hacer sobre las excepciones
  • Es el responsable por el resultado
  • Firma y respalda con criterio su decisión

Nótese qué quedó del lado humano: exactamente lo que esta columna lleva tres meses llamando criterio, no es coincidencia. Los agentes no vuelven obsoleta la conversación sobre el juicio profesional: la vuelven urgente. Porque dirigir requiere más criterio, humanidad, tacto y sensibilidad que ejecutar.

El multiplicador

Aquí está la clave que define quién captura el valor de esta tecnología, un agente multiplica lo que encuentra. Si recibe un objetivo claro, un perímetro bien pensado y un criterio de aceptación riguroso, multiplica esa claridad por cada caso que procesa. Si recibe instrucciones ambiguas de alguien que no entiende su propio proceso y tiene vagos conocimientos o experiencia sobre lo que está haciendo en su rol, multiplica increíblemente esa ambigüedad a la misma escala.

Por eso los equipos que hicieron el trabajo de los meses anteriores, que saben qué decidir, con qué herramienta y dentro de qué alcance, están sacando verdadero provechosa esta tecnología y se están convirtiendo en los competidores más importantes de su categoría. Esto sin duda ha generado una gran preocupación por “no quedarse atrás”, y tal vez la peor manera de adoptar agentes es la más común: comprarlos antes de entender el proceso que van a ejecutar.

Hoy el mercado está lleno de empresas que ofrecen crear agentes y automatizaciones para casi todo, están dispuestos a hacer cualquier cosa que usted les pida, somos pocos los que ponemos un alto a esto, no es ético destruir una propuesta de valor por tener un cliente más en este boom de la inteligencia artificial, el primer paso es escuchar a su equipo, allí es donde reside el criterio y el verdadero valor de su negocio.

Un agente multiplica lo que encuentra. Si encuentra criterio, multiplica criterio. Si encuentra desorden, lo multiplica igual de bien

El camino recorrido

Estamos cerrando el primer trimestre de esta conversación y vale la pena hacer un recorrido rápido sobre lo que hemos abordado. Empezamos con un diagnóstico sobre como el criterio se está erosionando en silencio si nos hacemos responsables de él, y a partir de allí aprendimos a distinguir los usos que amplifican de los que sustituyen ese criterio. Este mes conversamos sobre las oportunidades que se abre cuando la IA entra bien, con herramientas, dentro de unos límites establecidos, y cómo se integra y conversa todo como un sistema, transformándose en una forma de trabajar donde las máquinas ejecutan y las personas dirigen, deciden y firman con responsabilidad su criterio.

Personas y máquinas trabajando juntas, cada una en lo que hace mejor: hacia allá va esto. Antes hay que abrir la caja: entender qué hace realmente un modelo cuando parece que piensa, esa será la conversación de las próximas semanas.

Doce columnas después, la convicción inicial y mi propósito sigue intacto, compartir con ustedes una opinión responsable del uso de la inteligencia artificial, hemos construido un camino para tener claro que el criterio no se delega, se equipa.