Criterio es lo que queda cuando se apaga la pantalla

Ya se cumplen dos meses desde que comenzamos esta reflexión, en este tiempo hemos mirando el mismo problema desde ángulos distintos. Primero hicimos un diagnóstico: las organizaciones están perdiendo criterio. Luego conversamos de la distinción: hay formas sanas y formas erosivas de relacionarse con la IA. Hoy me gustaría pensar que estamos llegando a la esencia.
Hagamos una prueba muy simple para saber si un líder tiene criterio real o criterio prestado. Apaga las pantallas, desconecta el internet, cierra todas las aplicaciones. Ahora pregúntate: ¿Qué queda?
No se trata de una situación de crisis técnica, aunque esas también revelan más de lo que uno quisiera. Hablo de algo más cotidiano: la capacidad de formar una opinión propia, de articular un argumento sin consultar nada, de llegar a una reunión con una postura que no depende de lo que el modelo dijo esa mañana.El criterio es eso, no se trata de la capacidad de recordar datos, para eso están las bases de datos. No es la capacidad de procesar información rápidamente, para eso está la IA usada con responsabilidad. El criterio es la facultad de juzgar mediante la integración de la experiencia, contexto, valores y evidencia para decidir qué es verdad, qué importa y qué se hace con eso. Esa facultad, a diferencia de casi todo lo demás en el trabajo moderno, no se puede tercerizar.
¿De dónde viene el criterio?
El criterio no se descarga, no viene preinstalado, se construye con años de exposición a decisiones reales, con la observación cuidadosa de sus consecuencias, con la acumulación de patrones que el cerebro humano aprende a reconocer aunque no siempre pueda articularlos explícitamente.
Esto explica por qué los líderes más experimentados suelen tener “intuiciones” que resultan ser correctas aunque en el momento no puedan justificarlas completamente. No es magia, es criterio acumulado durante años operando más rápido que la verbalización consciente.
Esto también explica por qué criterio no se transfiere fácilmente. Se puede enseñar a alguien a usar una herramienta a través de un plan de capacitación y se puede documentar un proceso a manera de guía para seguirla paso a paso, pero el criterio se transmite principalmente a través de la exposición a la realidad, son los casos reales y sobre todo los errores propios los que forman al líder, esto no se logra a través de una consulta en una ventana de chat a un modelo de lenguaje, por muy sofisticado que sea.
“El criterio no está en la nube, no está en el modelo de lenguaje de una IA, está en las personas que están en su empresa, está en usted y lo ha construido con decisiones reales, consecuencias vividas y reflexiones honestas.”
La paradoja del acceso infinito a la información
Vivimos en el momento de la historia humana con mayor acceso a información y paradójicamente, puede ser el momento en que el criterio se hace más escaso. El acceso fácil a respuestas elimina la necesidad de desarrollar la capacidad de construirlas.
Un músico que aprende a tocar con partituras y sin ellas tiene algo que el que solo toca con partitura no tiene: la capacidad de improvisar cuando la situación lo requiere, un líder que forma sus opiniones con y sin herramientas de IA tiene algo que el que solo las forma consultando una ventana de chat no tiene: criterio propio y ese criterio no desaparece cuando se apaga la pantalla.
Lo que implica esto para una organización
Si acepta este argumento, la pregunta práctica es qué hacer con él, cuidado, no se trata de prohibir la IA, que sería tan absurdo como prohibir los libros para que la gente desarrolle memoria. Se trata de diseñar conscientemente los espacios donde el criterio se construye y se ejerce sin ayuda tecnológica.
Establecer espacios de conversación humana y honesta donde se llega a posiciones propias y de equipo, formadas antes de consultar una herramienta, buscando fortalecer los procesos de decisión, donde se privilegia el razonamiento humano antes de buscar validación externa. Esto permite también convertir las reuniones en espacios de mentoría, donde el criterio de los más experimentados se transmite a los más jóvenes a través de conversaciones reales, no de documentos generados por IA.
No son ideas nuevas, son prácticas que las mejores organizaciones siempre han tenido. Lo nuevo es que ahora requieren diseño consciente, porque la presión en sentido contrario es más fuerte que nunca.